Mamá, me aburro. ¿Te resulta familiar? A mí sí. Esta frase podría ser el leitmotiv de mi infancia. Todos los días tratando de encontrar la forma de enfrentar a un enemigo siempre presente y nunca cansado. A medida que pasa el tiempo, se ha vuelto más fácil combatirlo. Debemos preguntarnos cuál es la verdadera naturaleza del aburrimiento, o si realmente se puede considerar un enemigo.
De acuerdo con la facultad de psicología de la UNAM, el aburrimiento es una emoción moral, generalmente incómoda, generada por situaciones donde no nos sentimos lo suficientemente estimulados por fenómenos físicos o cognitivos. Puede presentar síntomas como la apatía, la fatiga o el desinterés; y se considera una emoción contraria a sus “soluciones”: la diversión y el entretenimiento. Suena fatal, ¿verdad? Nada más lejos de la realidad.

El aburrimiento es intrínseco al ser humano, y al igual que el resto de emociones, es imposible separarse de él, por eso es nuestro deber ver sus beneficios antes de tratar de evitarlo a toda costa. Esta emoción nos puede llevar a la reflexión y al florecimiento de la creatividad, con altas probabilidades de lograr nuevas ideas, relacionadas tanto al entorno como a nosotros mismos; eso que conocemos como introspección. La mayoría de genios y artistas han pasado por centenares de horas de puro aburrimiento para alcanzar sendos logros. Es un llamamiento a conseguir algo nuevo, pero no necesariamente bueno.
Dentro de la era de la información, empresas como Google o Meta se han especializado en exprimir al máximo nuestro aburrimiento, invirtiendo todos los medios posibles en diseñar aplicaciones lo más estimulantes (y por ende adictivas), tales como TikTok o Instagram, con funciones como el scroll infinito. Nuestra respuesta: consumir contenido cada vez con más frecuencia y menos control, ahogándonos en el silencio tratando de encontrar aire en constante ruido. Véase la época de pandemia y aislamiento, que puso a prueba nuestra capacidad de soportar el aburrimiento; un verdadero punto de inflexión en los niveles de estrés, ansiedad y depresión a nivel global.
El resto es historia. Cada vez nos es más difícil concentrarnos, motivarnos o simplemente parar de hacer cosas y apartar un poco de tiempo de conexión para liberarnos de estímulo alguno. Sólo nos queda tratar de evitar el aburrimiento de forma saludable. Las distracciones son infinitas, pero la vida no.
Carlos Romero Alcaraz
Equipo de la Secretaría Nacional de Formación.

















