El sol ya se esconde tras la montaña que tengo detrás. Se han acabado los días madrugando al escuchar «¡diana!», las canciones juntos antes de cada comida, las risas que resonaban en cada rincón del campamento, las palabras de ánimo tras un día cansado, los abrazos antes de despedirnos por un largo tiempo que nunca sabremos cuándo finalizará. Ya no nos queda verano ni calor, más allá de aquellos que se toman unas vacaciones en septiembre y los primeros vestigios de la calefacción en los sitios donde ya comienza a hacer frío.
Con el sol rozando poco ya mi espalda, vuelvo a esos días donde no había reloj ni horario, donde todo se basaba en disfrutar y aprender más de mi «Vale Quien Sirve», donde las voces de mis compañeros eran la mejor alarma para saber qué era lo siguiente que nos tocaba hacer tras acabar una construcción de Aire Libre. Tantos recuerdos que quedan anclados en el verano que se ha acabado, pero que son el preámbulo de un año esperando otro verano, lleno igualmente de risas, de aprendizajes y, de nuevo, de muchas ganas de servir a los demás tanto como ellos me sirven a mí.
Vuelven entonces los sábados en el Hogar, los reencuentros de nuevo curso, la vuelta a la rutina dentro de nuestros Círculos, que a veces son tan familia que el Hogar de verdad es hogar. Las actividades nuevas en nuestras salas, las bienvenidas a nuestros nuevos compañeros, el comienzo de lo que sin duda nos hace más de OJE que cualquier otra cosa. Aunque ya sabemos que los comienzos suelen costar un poco más de lo normal, son este tipo de comienzos los que nunca deberíamos dejar de hacer.
Este curso va a estar lleno de momentos que probablemente luego añoraremos, de reencuentros que sí sabemos que van a suceder, de abrazos de esos que han marcado tanto en nosotros, de grandes actividades que nos caracterizan y de enormes proyectos que nos van a enseñar, como siempre, lo que significa ser de la OJE. Claro que esperaremos con ansias nuevos campamentos de verano, pero no olvidemos que los que somos de OJE lo somos durante todo el año y, sin duda, somos de OJE siempre que se nos necesite y se nos llame, porque servir a los demás es nuestro mejor motivo de orgullo.
El nuevo curso nos espera igual que nosotros solemos esperar el año nuevo, y nos recuerda que siempre todo puede ser mejor que el curso anterior. Hagamos de este curso un recuerdo constante y perdurable en la memoria, que nos impulse a buscar nuevos inicios de curso que supongan nuevos cambios incluso en nosotros mismos, aunque sea tras el duro calor del verano.
Vale Quien Sirve.
María Núñez Lago

















